Álvaro Cálix, Honduras
Justicia!
¡Qué pasa hoy en la Honduras!, ¿por qué tanto eco y jaleo sin brida? ¿Qué son esas mareas humanas; por las calles, esos ríos de vida? ¿Qué efluvio emana del Plantón de la Merced?
Hay sin embargo una cortina de humo, una bruma de abril, ¿Por qué algunos quieren tapar el sol con un medio? Micrófonos, cámaras, golpes al teclado… Concierto de… (ciertos) medios.
Pero el parto de la noche trae, inevitable, esta tronazón de mayo el cielo se revuelve, agua contenida / llanto que quiere y no puede. Manos alzadas, como palomas prestas al vuelo, presagian nuevos aires es cuestión de tiempo.
Si no fuera por el letargo de miles que duermen, o sueñan despiertos con el botín de la diaria, la oferta del móvil, la previa del clásico de las patadas, lo último de la spears… Bruma, bruma…, más bruma, Sopor y opio, silencio cómplice de la muerte. Votos fáciles para los que negocian a espaldas de Juan, aquéllos que dentro de poco coparán de vallas (y spots) el país entero, pintando sonrisas y tramando frases / para incautos.
Pero un sol nuevo brota de la Merced, desde el crisol de unas carpas, donde laten corazones que dicen: ¡basta! Es un sol diáfano que atrae a muchos / todavía faltan tantos.
Sol que promete disipar los témpanos del Hemiciclo, purificar el humor fétido de la traición y derribar con taconeo y voces al unísono, la fachada del terror. Tiemblan maniquíes, alfiles y marionetas /se pueden molestar sus amos.
Si no fuera porque alimentamos al monstruo que nos engulle, porque compramos como oro su látigo, vendas, letras y vísceras. Si no fuera por eso, ¡qué nítidas ondearían las voces de libertad! /voces de cambio.
Aunque el teatro de la farsa no alumbre este acto, a la velocidad del coraje, el germen se propaga. Ya voces, plumas y cinceles, contando van la historia subterránea para memoria de los durmientes, foráneos y los que nacerán mañana.
Gritemos alto, ¡más alto!, derribemos también los cristales de los castillos / con aire acondicionado donde se refugian tantos, en la rutina de hacer dinero / para otros Esos que de lejos, quizás por el parpadeo de una pantalla, o las líneas de un tabloide, creen de esta lucha, las tretas de amo y lacayo.
Y entonces, más voces, más latidos, llevarán al cénit este sol de la Merced. Y se levantarán los puños –no los puños de la muerte-, los puños de la libertad, para abrirse, luego, generosos, y enlazarse con la mano hermana.
¡Justicia, justicia, Justicia!, eh ahí, el irreverente canto que crispa a los guardianes del horror. ¡Justicia, Justicia, Justicia!, gritan miles, espoleados por el cinismo de los hombres del poder. ¡Justicia, Justicia, Justicia!, es el gemido que clama un nuevo aire de libertad.
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Por lobogabriel - 3 de Mayo, 2008, 8:16, Categoría: poesia
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